Poemas goticos

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"La Rosa Blanca"

En la vida una rosa,
la rosa blanca de la Vida;
en la muñeca los traí...

De Loco, el cual,
es mejor.

 

"Destino" por Rosario Castellanos

Matamos lo que amamos. Lo demás
No ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
Un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
De respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
Para los dos. Y no basta la tierra
Para los cuerpos juntos
Y la ración de la esperanza es poca
Y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades,
Ciervo con una flecha en el ijar
Que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
De pupilas de vidrio; su actitud
Que es a la vez reposo y amenaza.

 

"Desaliento" por José Hierro

No tienes tú la culpa. Somos
Los prisioneros de ayer.
El pasado que no fue nuestro
Lo quisiéramos poseer.
Contemplar a la luz del día
Toda su amarga desnudez.
Pensar que ha sido de nosotros
Lo que ya nunca podrá ser.

No tienes tú la culpa. Vamos
Ciegos. Vivimos sin saber.
No tengo yo la culpa, pero
Los dos debemos padecer.
Purificar con la tristeza
Lo que ya fue.

Tiramos piedra contra el cielo
Y nos caen piedras desde él.
El mal que hicimos, no sabíamos
En qué manos iba a caer.
Pusimos hiel en nuestros surcos
Y los frutos saben a hiel.

El mal que más nos entristece

 

"Adiós" por Gabriela Mistral

En costa lejana
Y en mar de pasión,
Dijimos adioses
Sin decir adiós.
Y no fue verdad
La alucinación.
Ni tú la creíste
Ni la creo yo,
"Y es cierto y no es cierto"
Como en la canción.
Que yendo hacia el sur
Diciendo iba yo:
"Vamos hacia el mar
Que devora al sol".
Y yendo hacia el norte
Decía tu voz:
"Vamos a ver juntos
Dónde se hace el sol".
Ni por juego digas
O exageración
Que nos separaron
Tierra y mar, que son
Ella sueño y él
Alucinación.
No te digas solo
Ni pida tu voz
Albergue para uno
Al albergador.
Echarás la sombra
Que siempre se echó,
Morderás la duna

 

"Deseos" por Carlos Pellicer

Trópico, para qué me diste
Las manos llenas de color.
Todo lo que yo toque
Se llenará de Sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
Pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
Dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
Cambiar de clima el corazón,
Beber la penumbra de una cosa desierta,
Inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,
Ahondarme en el manto de pliegues finos,
Dispersarme en la orilla de una suave devoción,
Acariciar dulcemente las cabelleras lacias
Y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, dejar de ser un solo instante

 

"El caballo" por José María Eguren

Viene por las calles,
A la luna parva,
Un caballo muerto
En antigua batalla.

Sus cascos sombríos...
Trépida, resbala;
Da un hosco relincho,
Con sus voces lejanas.

En la plúmbea esquina
De la barricada,
Con ojos vacíos
Y con horror, se para.

Más tarde se escuchan
Sus lentas pisadas,
Por vías desiertas
Y por ruinosas plazas.

 

"Esta nostalgia" por Gioconda Belli

Este sueño que vivo,
Esta nostalgia con nombre y apellido,
Este huracán encerrado tambaleando mis huesos,
Lamentando su paso por mi sangre...
No puedo abandonar el tiempo y sus rincones,
El valle de mis días
Está lleno de sombras innombrables,
Voy a la soledad como alma en pena,
Desacatada de todas las razones,
Heroína de batallas perdidas,
De cántaros sin agua.
Me hundo en el cuerpo,
Me desangro en las venas,
Me bato contra el viento,
Contra la piel que untada está a la mía.
Qué haré con mi castillo de fantasmas,
Las estrellas fugaces que me cercan
Mientras el sol deslumbra

 

"La ley como el amor" por W. H. Auden

La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.

La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,

 

Corazón y estaca

Día nublado, noche de
tormenta interna;
semanas vacías y
sentimientos dolidos

Ruidoso llanto que
por mis ojos se escapa,
incomprensión ya comprendida;
corazón y estaca

Aguda antipatía,
serenidad perdida;
realidad vil, dañina...
¡Valiente hipocresía!

Ambición desmesurada,
deseo de venganza
incontenible que,
de mi ser rezuma

Clamor del alma que
no vive, que no descansa,
que se apaga...

Ilusión ambigua,
escepticísmo acelerado;
ira que no calla
su inmensa herida

Corazón y estaca,
corazón de agua,
siendo solamente
corazón de nada

 

"Las Siluetas" por Oscar Wilde

El mar está marcado con unas bandas grises,
El quieto viento muerto desentona
Y como hoja marchita es llevada
La luna por la bahía tormentosa.

Grabado claramente sobre pálida arena
Está el bote negro: un joven marinero
Sube a bordo en gozo distraído
Con el rostro sonriente y mano reluciente.

Y arriba los zarapitos claman
Y por el pasto oscuro meseteño
Van segadores mozos de cuellos brunos,
Cual si fueran siluetas contra el cielo.